sábado, 20 de abril de 2013

LA OLA




Debió ser una tarde de verano, cuando Anur, una niña de pelo rojo y rizado, con ojos azul mar y pecas en su rostro, cansada de dormir la siesta, decidió levantarse de la cama y con mucho sigilo, caminando descalza y de puntillas para no hacer ruido y no despertar a su familia, cogió su bañador, sus gafas de buceo y sus chanclas. Bajó lentamente las escaleras de su casa, cruzó la calle, no sin antes mirar a ambos lados y una vez allí, en la playa, con la fina arena colándose por entre los dedos de los pies, miró al mar. De pronto, notó que sus pies se quemaban; el sol había calentado hasta quemar cada uno de los granos de arena. Saltó, escarbó con los pies hasta encontrar arena fresca y se puso sus chanclas.

Las olas iban y venían dejando una alfombra de espuma blanca. Continuó paseando por la playa. Cada vez las olas eran más grandes y su alfombra de blanca espuma llegaba más lejos. A veces los pies de Anur se mojaban y a ella le encantaba. Le hacía cosquillas en los dedos.

Estaba mirando las olas y le parecía escuchar entre el ruido que hacían al  chocar contra la arena, una voz que le decía:

-  ¡Hola... Anur! ¿Has venido a vernos?

Pero ella no contestaba, estaba convencida de que sólo las personas podían hablar. Volvió otra ola y esta vez creyó oír lo mismo. Se decía a sí misma:

 ¡Qué tontería, si las olas no hablan! ¡Ahí, ahí viene otra! Y esta vez ella prestó más atención. Hasta se puso la mano en la oreja para poder oír mejor. Y la ola dijo:

- ¡Hola, Anur! ¿Has venido a vernos?, ¡Anda ven, te estamos esperando!


Esta vez sí, esta vez estaba segura de que lo había oído. Y mirando alrededor para ver si alguien la veía, gritó:

- ¿Qué queréis?, No os he entendido.


- ¡Ven, te estamos esperando!, dijo la ola.

Así que Anur se acercó un poco más. Y la ola repitió:

- ¡Ven acércate!

Anur continuó acercándose, metiéndose más hacia el mar. Y cuando la ola la tuvo a su alcance, cuando vio que podría cogerla y balancearla sobre sí, y voltearla, la cogió, la elevó por encima de su lomo de espuma blanca y como si estuviera haciendo surf la paseó por toda la playa, arriba y abajo.

Pero cuando hubo de depositarla sobre la arena, la ola, algo malvada, decidió llevársela mar adentro. Era la primera vez que una ola hacía esto. Todos los barcos saludaban a su paso: ¡buhhhh, buhhhh!

Ella había perdido el miedo, ya no temblaba sobre su lomo de espuma blanca, ni lloraba, reía. Era feliz, saludaba a los marineros:

¡Hola, marinero!
 Llegó a cruzarse con un porta-aviones de la armada, con sus cañones apuntándola, sus helicópteros sobre cubierta y el almirante saludó por su altavoz:

 ¡Adiós, Anur!

Y los marineros gritaron al unísono: ¡Ahí va Anur, la chica más guapa que surca los mares!

El pelo de Anur ondeaba al viento y una manada de delfines saltaba a su lado. Todos iban contentos por ir al lado de Anur, “La princesa de las olas”. Una ballena le obsequió con un resoplido y una bandada de patos, como los que había en el parque de su barrio, junto a la laguna artificial, volaban por encima de ella. Bajaron un poco para saludarla y ella les dijo que si veían a su mamá le dieran un saludo y que no se preocupase por ella, que era muy feliz.


A lo lejos se divisaba una gran estatua. Creyó haberla visto alguna vez en una película. Más de cerca, reconoció que era la Estatua de la Libertad, ¡Nueva York!, gritó, y todos los habitantes de la ciudad salieron a saludarla a la bahía.

De pronto, vio venir hacia ella un inmenso barco. Asustada, intentó salvar el obstáculo. No pudo, y cuando el barco estaba a punto de chocar contra ella... En ese momento de confusión, abrió los ojos y su madre estaba allí:

- ¡Anur, Anur!, ¿qué te pasa?, ¿una pesadilla?

Pero Anur nunca supo si aquello fue un simple sueño u ocurrió de verdad, ni recordaba qué le ocurrió después de que el barco estuviera a punto de chocar con ella.


Lo cierto es que cuando se levantó de la siesta, sus pies aún estaban mojados y con arena entre los dedos.



                                        FIN                                                                        
                           20 de junio de 1997




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