Debió ser una tarde de verano, cuando Anur, una niña
de pelo rojo y rizado, con ojos azul mar y pecas en su rostro, cansada de
dormir la siesta, decidió levantarse de la cama y con mucho sigilo, caminando
descalza y de puntillas para no hacer ruido y no despertar a su familia, cogió
su bañador, sus gafas de buceo y sus chanclas. Bajó lentamente las escaleras de
su casa, cruzó la calle, no sin antes mirar a ambos lados y una vez allí, en la
playa, con la fina arena colándose por entre los dedos de los pies, miró al
mar. De pronto, notó que sus pies se quemaban; el sol había calentado hasta
quemar cada uno de los granos de arena. Saltó, escarbó con los pies hasta
encontrar arena fresca y se puso sus chanclas.
Las olas iban y venían dejando una alfombra de espuma
blanca. Continuó paseando por la playa. Cada vez las olas eran más grandes y su
alfombra de blanca espuma llegaba más lejos. A veces los pies de Anur se
mojaban y a ella le encantaba. Le hacía cosquillas en los dedos.
Estaba mirando las olas y le parecía escuchar entre
el ruido que hacían al chocar contra la
arena, una voz que le decía:
- ¡Hola...
Anur! ¿Has venido a vernos?
Pero ella no contestaba, estaba convencida de que
sólo las personas podían hablar. Volvió otra ola y esta vez creyó oír lo mismo.
Se decía a sí misma:
¡Qué
tontería, si las olas no hablan! ¡Ahí, ahí viene otra! Y esta vez ella prestó
más atención. Hasta se puso la mano en la oreja para poder oír mejor. Y la ola
dijo:
- ¡Hola, Anur! ¿Has venido a vernos?, ¡Anda ven, te
estamos esperando!
Esta vez sí, esta vez estaba segura de que lo había
oído. Y mirando alrededor para ver si alguien la veía, gritó:
- ¿Qué queréis?, No os he entendido.
- ¡Ven, te estamos esperando!, dijo la ola.
Así que Anur se acercó un poco más. Y la ola
repitió:
- ¡Ven acércate!
Anur continuó acercándose, metiéndose más hacia el
mar. Y cuando la ola la tuvo a su alcance, cuando vio que podría cogerla y
balancearla sobre sí, y voltearla, la cogió, la elevó por encima de su lomo de
espuma blanca y como si estuviera haciendo surf la paseó por toda la playa,
arriba y abajo.
Pero cuando hubo de depositarla sobre la arena, la
ola, algo malvada, decidió llevársela mar adentro. Era la primera vez que una
ola hacía esto. Todos los barcos saludaban a su paso: ¡buhhhh, buhhhh!
Ella había perdido el miedo, ya no temblaba sobre su
lomo de espuma blanca, ni lloraba, reía. Era feliz, saludaba a los marineros:
¡Hola, marinero!
Llegó a
cruzarse con un porta-aviones de la armada, con sus cañones apuntándola, sus
helicópteros sobre cubierta y el almirante saludó por su altavoz:
¡Adiós, Anur!
Y los marineros gritaron al unísono: ¡Ahí va Anur,
la chica más guapa que surca los mares!
El pelo de Anur ondeaba al viento y una manada de
delfines saltaba a su lado. Todos iban contentos por ir al lado de Anur, “La
princesa de las olas”. Una ballena le obsequió con un resoplido y una bandada
de patos, como los que había en el parque de su barrio, junto a la laguna
artificial, volaban por encima de ella. Bajaron un poco para saludarla y ella
les dijo que si veían a su mamá le dieran un saludo y que no se preocupase por
ella, que era muy feliz.
A lo lejos se divisaba una gran estatua. Creyó
haberla visto alguna vez en una película. Más de cerca, reconoció que era la
Estatua de la Libertad, ¡Nueva York!, gritó, y todos los habitantes de la
ciudad salieron a saludarla a la bahía.
De pronto, vio venir hacia ella un inmenso barco.
Asustada, intentó salvar el obstáculo. No pudo, y cuando el barco estaba a
punto de chocar contra ella... En ese momento de confusión, abrió los ojos y su
madre estaba allí:
- ¡Anur, Anur!, ¿qué te pasa?, ¿una pesadilla?
Pero Anur nunca supo si aquello fue un simple sueño
u ocurrió de verdad, ni recordaba qué le ocurrió después de que el barco
estuviera a punto de chocar con ella.
Lo cierto es que cuando se levantó de la siesta, sus
pies aún estaban mojados y con arena entre los dedos.
FIN
20
de junio de 1997